domingo, 6 de abril de 2008
Carceleros, encarcelados, maldad.
martes, 8 de enero de 2008
El estrés es un gran conocido de vista. Digo esto porque a veces parece que olvidamos que el estrés, es adaptativo, es decir, el estrés en sí mismo no es ni bueno ni malo. Un poco de estrés motiva. Un poco de estrés salvó la vida de nuestro antepasado cavernario y un poco de estrés te impulsará a comprar comida y a sobrevivir con algo más que los hielos de la nevera. Es cuando nos pasamos de rosca cuando nos rompemos, cuando ya no podemos más, cuando el sistema se agota y quiebra. Hay muchas escalas para medir el estrés. En ellas suele haber elementos comunes, eventos desencadenantes de estrés.
¿Sabíais que el estrés lo desencadenan también los sucesos “buenos”? ¿Sabíais que comer es algo que estresa realmente el organismo? No voy a entrar a narrar nada sobre los torrentes hormonales, ni sobre los diferentes modelos del estrés que existen, hoy no. Hoy sólo os menciono el test de Holmes-Rahe
| 1 Muerte del cónyuge | 100 | |
| 2 Divorcio | 73 | |
| 3 Separación | 65 | |
| 4 Privación de la libertad | 63 | |
| 5 Muerte de un familiar próximo | 63 | |
| 6 Enfermedad o incapacidad, graves | 53 | |
| 7 Matrimonio | 50 | |
| 8 Perder el empleo | 47 | |
| 9 Reconciliación de la pareja | 45 | |
| 10 Jubilación | 45 | |
| 11 Enfermedad de un pariente cercano | 44 | |
| 12 Embarazo | 40 | |
| 13 Problemas sexuales | 39 | |
| 14 Llegada de un nuevo miembro a la familia | 39 | |
| 15 Cambios importantes en el trabajo | 39 | |
| 16 Cambios importantes a nivel económico | 38 | |
| 17 Muerte de un amigo íntimo | 37 | |
| 18 Cambiar de empleo | 36 | |
| 19 Discusiones con la pareja (cambio significativo) | 35 | |
| 20 Pedir una hipoteca de alto valor | 31 | |
| 21 Hacer efectivo un préstamo | 30 | |
| 22 Cambio de responsabilidades en el trabajo | 29 | |
| 23 Un hijo/a abandona el hogar, matrimonio, universidad | 29 | |
| 24 Problemas con la ley | 29 | |
| 25 Logros personales excepcionales | 28 | |
| 26 La pareja comienza o deja de trabajar | 26 | |
| 27 Se inicia o se termina el ciclo de escolarización | 26 | |
| 28 Cambios importantes en las condiciones de vida | 25 | |
| 29 Cambio en los hábitos personales | 24 | |
| 30 Problemas con el superior | 23 | |
| 31 Cambio en condiciones de trabajo | 20 | |
| 32 Cambio de casa | 20 | |
| 33 Cambio a una escuela nueva | 20 | |
| 34 Cambio en la forma o frecuencia de las diversiones | 19 | |
| 35 Cambio en la frecuencia de las actividades religiosas | 19 | |
| 36 Cambio en las actividades sociales | 18 | |
| 37 Pedir una hipoteca o préstamo menor | 17 | |
| 38 Cambios en los hábitos del sueño | 16 | |
| 39 Cambios en el número de reuniones familiares | 15 | |
| 40 Cambio en los hábitos alimentarios | 15 | |
| 41 Vacaciones | 15 | |
| 42 Navidades | 12 | |
| 43 Infracciones menores de la ley | 11 | |
Las puntuaciones de los eventos que os estén sucediendo (un año suele ser el limite temporal hacia atrás) se suman. Si el resultado es mayor de 300, es terrible, si es mayor de 200, para asustarse, hasta 150, vale, parece ser lo normal, pero hay que cuidarse más, y si es menos, el reisgo es menor.
Recordad, esto no sustituye a la terapia, es sólo una orientación...
ACTUALIZACION: El comentario de Paula me recuerda, que estos no sólo no son los únicos factores, sino que se recomienda completar la escala con puntuaciones análogas a situaciones equiparables.
Por poco científico que parezca...
Ya sabéis... el estres es como un gas, ocupa todo el espacio que le dejes --en realidad, en la cita original es el dolor, pero hago lo que puedo--
martes, 1 de enero de 2008
2008-01-01
Repasando notas desde mi cubículo, he encontrado un interesante artículo en el NY Times -- sí, ya sé que lo menciono en la entrada anterior, pero esta lectura fue previa-- que trata sobre elaborar las decisiones –eso incluye las malas decisiones- que hemos hecho en la vida. Ese es el camino a madurar:
“To elaborate on loss, to look for some insight in it, is not just what a psychologically mature person does (...) It’s how a person matures. That’s what the studies show.”
Las personas que son capaces de hacerlo desarrollan una característica que en el artículo llaman “complejidad” y que, como bien indican, es la clase de cosa que te mataría en un incendio en el que hay que dejarse llevar por el instinto, pero que en el largo plazo es saludable.
Voy a elaborar mis pasadas decisiones, tengo cosas que absorber, y alguna que enmendar.
Be complex, my friend.
Año nuevo, vida nueva
Desde el articulo se invita a los lectores a participar en el experimento.
Para aquellos que dominen el idioma de Dan Brown --seamos sinceros, nada queda de Shakespeare en las páginas de los periódicos-- invito también a leer este artículo del NY times, mi último gran pasatiempo, que también versa sobre los propositos de año nuevo.
A proponerse.
domingo, 18 de noviembre de 2007
Amor
Creo que sabe poco sobre el amor. Se investiga, existen toda serie de teorías y de estadísticas sobre la caducidad del amor, que en realidad se refieren a la caducidad de la pasión – seguimos diciendo amor cuando queremos decir sexo --. Muchos estudios se refieren a meras correlaciones estadísticas – si sucede tan a menudo, será que es así, dicen las estadísticas—que parecen firmar sentencias de muerte.
De cuando en cuando nos anuncian desodorantes que hacen que se nos peguen las chavalas, o se publicitan pastillas que mejoran nuestra capacidad sexual y olvidamos que todo esto no se trata sólo de alardes acrobáticos sobre colchón y sofá con y sin aparatos.
Y conste que me gusta el sexo, y me gusta mucho.
Pero es que a veces, no se trata sólo de eso.
El amor es algo mucho más complejo. Es impredecible, es duro, es un asco y es lo que más merece la pena en la vida. Perpetúa especies, provoca depresiones, vende casas y coches, crea seguridad e incertidumbre. La literatura, las canciones, están llenas de referencias al amor –esta vez sí parece que hablan del amor—a la fidelidad, a la infidelidad, al dolor.
Cuanto dolor provoca el amor.
Y que pocos son capaces de vivir sin él.
“Es mejor querer y después perder que nunca haber querido”, decía una canción. “¿Por qué voy a creer yo en el amor, si me traiciona y me abandona cuando mejor estoy?”, decía otra.
Lo único cierto sobre el amor, es que se crea y se destruye, y en ocasiones ni siquiera queda clara la razón –o razones-- para que esto suceda. Las teorías de la psicología social dicen que la proximidad, algunas características físicas, el comportamiento de los otros, la semejanza y la reciprocidad influyen. Constato que es así... casi siempre.
La fragilidad de las parejas en la actualidad puede estar causada por constructos culturales, por los bombardeos de información que nos convierten en caprichosos y egoístas, porque en el mundo ciudadano en el que vivimos –disculpad, queridos y escasos lectores, pero habrá mucho de antropología en futuros textos—se establecen relaciones simplemente funcionales, en las que el panadero se llama panadero y nuestra fuente de excitación sexual a veces, ni se llama. Es el pan nuestro de cada día, y no sería tan malo si todos participásemos del mismo juego, el sexo es divertido, sano, vigoriza y hace sentir joven. Pero hay quien quiere más que unas embestidas de ascensor, hay quien busca tener a alguien en el sofá cuando regresa de casa, un amigo o amiga completos, una relación de unas dimensiones casi desconocidas para un sector de treintañeros urbanitas. Hay quien tiene miedo a quedarse sólo. En unos tiempos en los que la esperanza de vida se eleva más allá de los setenta años, hay quien tiene miedo a quedarse solo con veinte.
Tenemos miedo, mucho. Yo sé muy bien lo que es el miedo. El leitmotiv de mi vida infantil fue “quien evita la ocasión, evita el peligro”… y como mi educación no difiere de la de muchos otros occidentales, puedo asegurar que también sentimos culpa.
La culpa…
Por sentirnos culpables prolongamos situaciones innecesarias, destructivas. Entre el miedo y la culpa no dejamos trabajos aberrantes, no cantamos las cuarenta a nuestros mayores o nuestros hijos por mucho que lo merezcan –una cosa es el respeto y otra la culpa, no deberíamos olvidarlo—y no liberamos a nuestras parejas. Sí, he dicho liberamos.
Porque muy poca gente se muere porque la dejen, especialmente individuos sanos y aún jóvenes, pero entrar en una espiral de esas de ahora sí, ahora no, ahora te dejo, pero vuelvo, porque lloras, puede conducir al más intenso dolor. Curiosamente, al que se muestra débil cuando es dejado, se le hace más y más daño prolongando lo inevitable. Si estas en ese lado, no te muestres débil, no puedes querer que te quieran por piedad, no es ninguna de las cosas que debe haber en una pareja.
Pero eso no quiere decir que no debemos luchar por las cosas en las que creemos, que no pueda volver la llama, lo que sucede es que el esfuerzo puede resultar estéril, y siempre es desproporcionado. Cada uno debe tomar sus decisiones.
Eso es lo que más me duele de los libros y recetarios de autoayuda, que en todos te presentan técnicas para ir hacia donde queremos, pero en muy pocos te dicen lo que quieres. Lo hacían las leyes morales, las que decían que tenías que proteger tu matrimonio con tu vida, las que permitían matrimonios concertados. Lo curioso es que desde nuestro punto de vista moderno, no nos podemos cree que no por tener el destino marcado eran más infelices en el pasado. Y sin embargo envidiamos al que lo tiene claro.
La generación de nuestros padres, se comprometía con el propio compromiso. Decía un personaje de Thorton Wilder que tiene un problema con su marido –va a dejarla--:
No me casé contigo porque fueras perfecto. Ni siquiera me casé contigo porque te amase. Me casé contigo porque me hiciste una promesa. Esa promesa es más grande que tus errores. Y la promesa que yo te hice pasa por encima de mis errores. Dos personas imperfectas se casaron y fue la promesa la que hizo nuestro matrimonio.
Me pregunto si hoy en día nos sabemos comprometer con algo. Ya sé que muchos dicen aquello de antes sufrían por no poder dejarse, y yo, que he visto matrimonios de larga duración, constato que así es… algunas veces. Otras, sencillamente, coexisten dos amigos que lo son toda la vida.
Tal vez deberíamos repensar el modelo. Las parejas podríamos dejarlas para los jóvenes, para mantener las relaciones sexuales esas tan satisfactorias, pero cuidarnos unos a otros en tribus. De hecho, pretendo recuperar, reconstruir y construir amistades porque son menos intensas que las parejas, pero paga su duración y la confianza que puedes depositar en ellas.
Decía Stemberg, un psicólogo respetable, que hay tres patas en un amor, la intimidad, la pasión y el compromiso. Las tres juntas dan como resultado el amor completo, del resto de las combinaciones, la más triste es la que sólo conlleva compromiso, y la mejor, el amor compañero, en la que hay intimidad y compromiso, aunque falta pasión.
Deberíamos situarnos en el triángulo, deberíamos ser valientes, deberíamos saber lo que queremos… en demasiadas ocasiones deberíamos mostrarnos más egoístas para hacer menos daño.
En demasiadas ocasiones deberíamos aprender a luchar...
...alejarnos de la tentación, aunque esa tentación sea deseable, aunque sea otra persona digna de ser querida, tomar perspectiva, respetar a todos a través de la verdad, pero también a través de los actos.
Y lo digo yo…que lo hago todo tan difícil.
jueves, 25 de octubre de 2007
Cerebro y decisiones prácticas...una de tantas aproximaciones
Leo en un artículo de un diario, que acaban de publicar un libro que relaciona el uso del cerebro y la economía. Dice que el cerebro no suele ser un buen consejero. Se refiere al cerebro en conjunto, incluyendo al sistema nervioso más primitivo. Nada de invertir en bolsa con miedo. Supongo que tiene razón, aunque lo que supe de economía lo intenté olvidar por decaimiento –así me va en el plano material-- . Dice algo que debería aplicar a muchas cosas en la vida, que no debemos procesar a través del miedo. Yo lo hago extensible: no deberíamos procesar a través de la culpa, del miedo, de la excitación sexual o del hambre cuando hablamos de dinero, de trabajo, del largo plazo. Nos lo dicen también los nutricionistas, nada de ir al super con el estómago vacío.
En general, como diría El Buda, si hacemos algo sujetos a emociones intensas, actuaremos como el hombre ebrio, que todo lo hace con la percepción que le da su intoxicación.
Yo soy de los que hacen lo que no dicen y dicen lo que no hacen. Es divertido no predicar con el ejemplo, pero me apunto a intentar dejar las emociones para los momentos en el que son necesarias: el miedo para cuando me persiga un perro, el hambre para la cocina de mamá, la excitación…
…bueno, estoy estudiándome eso del tantra.
lunes, 15 de octubre de 2007
Como sabéis alguno de mis dos lectores, de cuando en cuando, me gusta escribir. Aunque tengo que librar una auténtica batalla, aquella que ha de librarse contra la pereza y la procrastinación, de cuando en cuando consigo verter un par de páginas. Desde las páginas de mis amigos sincolumnistas, y desde esta misma bitácora he dicho alguna vez que no es lo mismo escribir con fines lúdicos que con fines terapéuticos. Es algo que sigo manteniendo. Lo contrario puede traer más frustración que otra cosa al “autor”. La autora americana Natalie Goldberg, hace una lista de razones para escribir en su libro El rayo y el trueno. Pasión y oficio de escribir. Es una buena idea que hagamos nuestra propia lista, aunque esta es bastante completa…
1. Porque soy un cretino
2. Porque quiero darle una buena impresión a los chicos
3. Para darle gusto a mi madre
4. Para molestar a mi padre
5. Porque cuando hablo nadie me escucha
6. Para hacer la revolución
7. Para escribir una gran novela y convertirme en millonaria
8. Porque soy neurótico
9. Porque soy la reencarnación de Shakespeare (Cervantes para nosotros)
10. Porque tengo algo que decir
11. Porque no tengo nada que decir.